sábado, 22 de mayo de 2010

5AM

Dormí hasta la madrugada del día siguiente y desperté con la cabeza dolida y los ojos llorosos
El calor molestaba a mis piernas y la claustrofobia no tardó en hacerse notar
Tentando entre la oscuridad encontré mi teléfono con 4 llamadas pérdidas
El mismo número desconocido de siempre, mi mismo desinterés nada inesperado
Los pensamientos empezaron a ser odiosos y la respiración pesada,
si el tiempo de la madrugada pasará tan rápido como el de la tarde, yo ya podría empezar a dormir

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